El ejercicio físico es bueno y esto no es nada nuevo. El ejercicio físico es bueno y esto no es nada nuevo.
En la Antigua Grecia, Hipócrates (460-370 a.C.), considerado uno de los padres de la medicina occidental, ya concedía un papel importante a la actividad física por sus beneficios para el cuidado corporal y la salud, recomendándolo tanto para la prevención como el tratamiento de enfermedades. Desde entonces, se ha ido acumulando evidencia científica que respalda aquello que ya pensaban los griegos hace 2.500 años: la importancia de cultivar el cuerpo para tener buena salud.
En los años 50 se realizó un estudio sobre actividad física y salud en el ámbito laboral (Morris et al., 1953) y se vio que los conductores de autobús se morían más de factores de riesgo cardiovascular que los que estaban de arriba abajo cobrando los tickets.
Más tarde, en uno de los estudios más importantes en este ámbito, Paffenbarger y su equipo siguieron a casi 20.000 personas durante gran parte de su vida, y dedujeron que realizar actividad física reduce entre 3 y 4 veces la probabilidad de muerte o enfermedad por cualquier causa (Paffenbarger et al., 1986).
En la población adulta, la actividad física tiene múltiples beneficios reduciendo el riesgo de padecer diabetes tipo II, enfermedades cardiovasculares, depresión, dolores de espalda y cáncer de colon y mama (Davies et al., 2019).

Por otra parte, la falta de ejercicio físico no solo tiene consecuencias en la salud individual, sino que supone una carga económica para los sistemas sanitarios.
En un informe del Centro de Investigaciones Económicas y Empresariales se estimó que la inactividad física supone a UE-28 un coste equivalente al 6.2% de todo el gasto sanitario europeo. El aspecto positivo, es que solo con que una de cada cinco personas sedentarias practicara ejercicio físico de forma regular disminuiría el gasto en 16,1 millones de € anuales (Centre for Economics and Business Research, 2020).
Por tanto, la promoción de la actividad física no solo supone una mejoría en la calidad de vida de los ciudadanos, sino que, además, provoca un ahorro económico sanitario importante.
Referencias bibliográficas
[1] Centre for Economics and Business Research. (2020). The Economic Cost of Physical Inactivity in Europe (Issue June). ttps://doi.org/10.5040/9781492595731.ch-014
[2] Davies, D. S. C., Atherton, F., McBride, M., & Calderwood, C. (2019). UK Chief Medical Officers’ Physical Activity Guidelines. Department of Health and Social Care, September, 1–65. https://www.gov.uk/government/publications/physical-activity-guidelines-uk-chief-medical-officers-report
[3] Morris, J. N., Heady, J. A., Raffle, P. A. B., Roberts, C. G., & Parks, J. W. (1953). CORONARY HEART-DISEASE AND PHYSICAL ACTIVITY OF WORK. The Lancet, 262(6796), 1111–1120. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(53)91495-0
[4] Paffenbarger, R. S., Hyde, R., Wing, A. L., & Hsieh, C. C. (1986). Physical Activity, All-Cause Mortality, and Longevity of College Alumni. New England Journal of Medicine. https://doi.org/10.1056/NEJM198603063141003

